miércoles 14 de octubre de 2009

Nada en realidad

No era tener que recurrir a aquello que está exhaustivamente lejos de la alegría, vale decir, al optimismo. Era otra cosa: algo como el calor de la piel en su lugar. La felicidad inadvertida que se arrima a las mesas de los cafés, alguna tarde de febrero: poco a tiempo, pero dispuesta a confirmar que se ha vivido bien. Que todo lo perdido, lo quebrado, lo cruel, lo aburrido de los días lentos iguales a los días, todo lo llevado a la cama con un nudo en la garganta para despertarse gritando, toda tu puta vida, dibuja de golpe una rigurosa acrobacia y se organiza. Pero no es que se organiza; más bien, la respuesta ya está ahí, organizada en el vientito ése que entra por la ventana. Y uno está tomando una cerveza con un amigo, y ninguno lo nota. Y no hay nada, en realidad: únicamente, la piel en su lugar. Y el corazón a salvo en la casa de la piel.

miércoles 23 de septiembre de 2009

Ríos para Lope


Ir y quedarse y, con quedar, partirse,
partir sin alma e ir con alma ajena
oír la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse;

arder como la vela y consumirse
haciendo torres sobre tierna arena;
caer de un cielo y ser demonio en pena
y de serlo jamás arrepentirse;

hablar entre las mudas soledades,
pedir, pues resta, sobre fe paciencia,
y lo que es temporal llamar eterno;

creer sospechas y negar verdades,
es lo que llaman en el mundo ausencia
fuego en el alma y en la vida infierno.


Lope de Vega

domingo 23 de agosto de 2009

Museo de Ciencias Humanas



Parque Centenario, verja del Museo de Ciencias Naturales. ¿Qué es lo que jode de esta pintada? La moralina, seguro. Pero me pa que es otra cosa más: la ambigüedad o lo equívoco de la frase que eligieron. Si uno lee de golpe, o sea desde el colectivo, pongamos colgado entre la gente, entiende que la "bondad" –y entiende, por contexto nacional, "bondad cristiana"- es lo invencible, lo que todo lo puede, etc. Pero después te quedás pensando, o divagando. Y te decís: lo qué??? Momentito: 1. si el corazón humano resiste a todo, la puta: es un órgano mucho más fuerte que lo que pensábamos. Poco uso le damos, entonces. Pero, 2. si resiste a todo menos a la bondad, quiere decir que la bondad no tiene nada que ver con el corazón humano. Vaya afirmación estrafalaria, no? Pero pongamos que es cierto: que somos todos egoístas, miserables, criminales, etc. Por ejemplo, el atorrante que, con gran capacidad de intervención sintética, le puso un palito a la "S" y le dio a la frase un sentido materialista e irónico. En ese caso, si la bondad le viene de afuera al corazón humano, que viene a querer decir todos nosotros, ¿de dónde viene? ¿Qué clase de entidad sin sentimientos trae la bondad y destruye las resistencias de todos los seres humanos? Qué bondad más inhumana, ¿no? Parece más bien un castigo que una virtud; un dios ajeno ante el que hay que doblegarse. 3. si el corazón humano resiste a todo menos a la bondad, ¿eso quiere decir que ante la bondad se rompe? ¿Para qué la queremos, entonces? 4. en la peor versión de lo humano, evidentemente, no somos buenos. Los hechos históricos y los presentes tienden a confirmarlo. Pero no es solución alguna que venga una Bondad a vencernos, a imponer su mandato de mansedumbre y obediencia sin conciencia.
Yo, personalmente, no creo en la bondad. Pero sí en la solidaridad; en una estrategia colectiva que parta de reconocernos "malos", digamos, de reconocernos egoístas, avaros, violentos, etc., y a partir de ahí, tomar decisiones de respeto y ayuda mutuas. No por imperio de la Bondad que viene de afuera o de arriba y nos lava el cerebro, sino todo lo contrario: por imperio de la evidencia de que no nos conviene matarnos, pisarnos la cabeza unos a otros, ignorarnos mutuamente. Quizás nos convenga a corto plazo, evidentemente. Pero a largo plazo, el resultado es la aniquilación total o la dictadura: ya sea de la Santa Bondad o de la Santa Maldad. Porque si no anida en los corazones, si es una entidad externa, todo viene a ser exactamente lo mismo. Somos animales inmodificables, y la pintada está donde debe estar: en el Museo de Ciencias Naturales, que incluyen a este bicho y su indestructible e inútil corazón de hierro.

martes 18 de agosto de 2009

Eso



Eso cayó del cielo. Posta, eh? Se había llovido todo y a la nochecita, cuando paró, lo vi. No era un cacho de hielo, ni un cacho de granizo. Y se estaba desintegrando. Lo fotografié, en lugar de mirarlo tranquilamente, porque somos así: devoramos en lugar de dejar ser lo que tenga que ser.
Eso puede haber sido cualquier cosa, nunca voy a saber qué. Lo toqué, claro. Era gelatinoso, pero no pegajoso. Era blando, pero a la vista parecía un diamante.
Qué hizo el tano bestia: lo dio vuelta, lo rompió sin querer, y después queriendo, como un chico que no sabe cuidar un juguete y, ante la inevitabilidad del daño, hace un juego del daño mismo. Y le saqué mil fotos, claro: me puse en geólogo trucho, hice la mueca completa del acabado investigador –y muy al pedo, porque estaba solito en mi terraza; y muy "acabado"-. Lo peor fue que al día siguiente no sólo no estaba eso sino que no había ni rastros. Y nadie había subido a la terraza salvo yo.
Puedo pensar hoy que eso nunca existió. Pero brillaba anónimamente, tranquilamente; no dejaba de aparecer en las fotografías –o sea, no era como Drácula, digamos- y encima yo lo destrocé, en mi entusiasmo científico –dicho sin ninguna ironía-, así que existir, lo que se dice existir, eso existió. Si uno no fuera un bicho posmoderno, o quizás groseramente cartesiano, sacaría toda clase de conclusiones, pongamos místicas, metafísicas, etc., o no sacaría ninguna conclusión: ni ninguna foto. Pero no: ante lo que no entendemos, lo único que sabemos hacer es registrar, medir y disecar. Porque lo que no entendemos no nos maravilla: nos inquieta, porque nos interpela. Nos cuenta que en realidad tampoco nos entendemos a nosotros mismos, ni nada de nada. Entonces, reaccionamos igual que con nosotros mismos: registramos, medimos y disecamos. Y a la mañana siguiente, todo tranquilo, todo "normal".
Pero ¿qué carajo era eso?



miércoles 22 de julio de 2009

Alguien en un cuarto

Hay alguien en un cuarto. Sabe que no puede permanecer allí indefinidamente si quiere sobrevivir. Sabe que si sale sus posibilidades ya son pocas, pero cualquier cosa es mejor que morir encerrado. El cuarto se distorsiona permanentemente ante sus ojos: paredes multiplicadas, infinitamente planas. Las manos no pueden tocarlas. Los ojos ven puertas y ventanas, ven salidas. Pero, al acercarse, esa distorsión, que él cree espaciotemporal y en realidad es efecto de la historia y la memoria, genera nuevas paredes, donde había puertas y nuevas puertas, lejos, a incalculables pasos, donde había paredes. Los movimientos se tornan torpes y díscolos: para alllá, para acá, otra vez aquel rincón, otra vez una pared seca como el silencio del desierto.
Pero ¿esto es un cuarto? Es un cuarto, se dice: la cuarta parte de un entero. Es decir que hay otros tres cuartos hacia alguna parte, detrás de algunas paredes. Sabe de antemano que serán iguales: son cuartos, y la distorsión será la misma. El entero es un todo sin salida. Pero ¿por qué no puede ser verdadera alguna puerta?
Hay alguien en un cuarto entero buscando picos, martillos, cualquier cosa que le permita romper una pared. Pero ¿cómo saber cuál, y que no conduzca a otro cuarto del entero y a otro encierro estallado de distorsiones?
Sin embargo, hay alguien, otro alguien, en otro cuarto del entero: desea el encierro porque vive del encierro del primero. La distorsión es en realidad un sistema de alimentación invisible, por el cual el otro vive del mismo, tanto que el mismo no vive. Así, tranquilamente, el otro ha consagrado el encierro bajo el nombre de libertad, y así defiende su posición sin concesiones. El mismo, el primero, el último, el segundo, interrumpe sus golpes de pico: ha intuido que el otro, el otro segundo, el vividor, puede chupar toda su energía si aparece de golpe del otro lado de la pared, es decir, si queda de pronto expuesta la verdad impúdica del entero. Por eso el mismo vuelve a buscar una puerta. Necesita encontrar la puerta: esa puerta, y no un espejo ni un espejismo. Pero sabe también que si la encuentra, el otro, el último, el segundo del segundo morirá. Y sabe también que si no sale del cuarto entero, él, el mismo, morirá también. El otro no tiene dudas. El mismo no conoce sino dudas sembradas como minas personales entre él y cualquiera de las pseudopuertas. La duda del mismo es el arma del otro. La certeza ciega del otro es el arma (desconocida) del mismo. El otro llama a la puerta.

miércoles 1 de julio de 2009

¿Pares?

Acabo de recibir un forguar de una amiga con una observación que ha hecho Quino sobre el machismo en el lenguaje -uno diría, más bien, la tradición patriarcal, porque, la verdad, machismo es un término un poco débil para lo que sigue, y que viene, en varios casos, de muy lejos en la historia de la lengua, y por lo tanto, de muy lejos en la historia a secas.
Los "pares" de palabras son estos, y hablan por sí mismos:

zorro = héroe justiciero
zorra = puta

perro = mejor amigo del hombre
perra = puta

aventurero = osado, valiente, arriesgado.
aventurera = puta

cualquier = fulano, mengano, zutano
cualquiera = puta

callejero = de la calle, urbano.
callejera = puta

hombrezuelo = hombrecillo, mínimo, pequeño
mujerzuela = puta

hombre público = personaje prominente. funcionario público.
mujer pública = puta

hombre de la vida = hombre de gran experiencia.
mujer de la vida = puta

puto = homosexual
puta = puta

heroe = ídolo.
heroína = droga

atrevido = osado, valiente.
atrevida = insolente, mal educada.

soltero = codiciado, inteligente, hábil.
soltera = quedada, lenta, ya se le fue el tren.

machista = hombre macho.
feminista = lesbiana.

don juan = hombre en todo su sentido.
doña juana = la mujer de la limpieza

Nomás uno se pone a pensar, aparecen de a decenas. Yo, primero, respondí ese forguar agregando lo que sigue, pero me dije: si lo ponemos en un post, nos da tiempo para seguir pensando y agregando, tipo que si queremos, no terminamos más (lo que no es muy buena noticia, que digamos):

sujeto = quien posee la soberanía de su ser y es reconocida por la sociedad (por dar una definición) o bien, aquél a quien la sociedad ha construido como integrante válido de ella (por dar otra)
sujeta = inexistente como femenino de la definición anterior / mujer o cosa atada, impedida de moverse o de soltarse

miembro = integrante aceptado de un grupo (por dar una definición light, claro).
miembra = inexistente como femenino, en ese sentido. ¿Por qué?

mujeriego = hombre que tiene muchas relaciones con diversas mujeres (lo cual carece de connotación negativa)
hombreriega (?) = puta.

ninfómana = según la vieja psicología de principios del siglo xx, mujer enferma por su condición de adicta al sexo.
ninfómano (?) = mujeriego (por default, obviamente este hombre no está enfermo de nada).

verborrágico = hombre que domina la palabra y habla mucho.
verborrágica = mujer que habla demasiado.

querido = persona que recibe el afecto de los demás.
querida = amante/puta.

un profesional = un señor que tiene una profesión cualquiera.
una profesional = una puta.

Debe haber por lo menos mil "pares" más, y diferentes en cada región de habla hispana, por no decir en otras lenguas –que este "sujeto", a su propia lengua, ignora-. Semo todo oídos, u ojos, semo.

domingo 21 de junio de 2009

La tapa de la olla

Hace cuatro semanas que estoy rodando cortometrajes para distintos grupos de escuelas de cine o de gentes más avanzadas, que se presentan a concursos, o sea, digamos, más profesionales. En total, entre cortos, videominutos, etc., tuve que jugar unas seis historias diferentes. Ahora, noten esto: en cuatro de ellas se trata de violencia doméstica, y del varón hacia la mujer. En uno solo se trataba de una situación política: tuve que hacer de un represor de la dictadura, que, oootra vez, torturaba y mataba a… una mujer -naturalmente, una detenida-desaparecida. La restante historia era sobre una pareja y sus distintos momentos de evolución, hasta la ruptura, este vez, no violenta (puf!). Como hubiera dicho Fabio Alberti: ¿qué nos pasa a los argentinos? ¿Eh?
Estos temas son graves, son reales y no hay respuesta ni personal ni social ni estatal para todos aquellos y aquellas que sufren violencia doméstica. Pero no son los temas centrales de la vida de todos los días de la mayoría de nosotros. Me parece que sí son los temas centrales que llenan la fantasía, la preocupación, lo que llaman el imaginario, por lo menos, de la gente joven que filma. ¿Alguien sabe por qué? Yo no sé, pero sé que si estuviéramos en los setenta también se trataría de violencia, salvo que netamente política, y no se la llamaría violencia sino lucha –dicho descriptivamente, y sin abrir juicios de valor-.
Ahora no hay política. ¿No hay política? Hay: la violencia familiar es un problema político. Pero el asunto es que ellos no lo ven así. Nunca, en ninguno de estos cortos, apareció tratado el tema de ese modo. Si el Estado interviene, si no interviene, si puede o no hacer algo, etc., eso no está en sus cabezas.
Yo no sé qué pensar, pero tengo un par de hipótesis: o bien la política ha perdido todo prestigio como lugar de resolución de conflictos, individuales o colectivos y entonces es la gente la que se corre de la política, o bien, lo cual sería mucho peor, ha ganado ya –o sea: no hay vuelta- un tipo de política consistente en no dejarse ver como tal. O sea, ha ganado la "normalización" de la política como "lo que hay", no como algo que podamos discutir. Entonces, qué discutimos, qué nos preocupa, sobre qué nos volcamos: sobre los problemas individuales. Pero resulta que esto se hizo siempre. La diferencia es que ahora, cuando se habla, en ficción, de problemas individuales, se lo hace mayoritariamente en términos de violencia, cuando si bien la hay y es grave, me parece que significa otra cosa: que la imposibilidad de pensar en lo político, la retirada del debate político a territorios desurbanizados del pasado, violenta desde arriba lo personal, lo individual; lo asfixia, y lo implota.
Lo que me queda como sensación es que todos estamos viviendo en una olla a presión. Hay un tipo de poder que todo lo ha invadido, tanto que ya no se lo ve por ninguna parte: sólo se ve lo personal, y lo personal violentado. La dificultad para ver encima de nosotros la gran tapa de la olla no es un dato menor: estamos, cada uno, encerrados en nuestras historias, hay violencia externa que no puede ser discutida ni apelada y entonces no vemos hasta qué punto la violencia del sistema político unificado es la que atraviesa y condiciona toda vida personal.
Me parece que me puse demasiado determinista, pero bueno, che: me hicieron pegar, tirar al piso, escupir, disparar armas de juguete, putear a lo loco y de arriba abajo, en fin, quedé medio tocadito (quedé, o ya estaba y por eso me llamaron?