martes, 20 de junio de 2017

Otros patios


Salgo al patio de atrás, donde enterramos los libros.
Cautiverio. Agotamiento. Retomo el recodo
que lleva de vuelta
a los lugares del dolor conocido. Hay algo.
No sé lo que llevo conmigo, pero hay algo conmigo,
además de mi peso, muerto, algo que mata y pesa.
No soy yo: lo porto.
Vuelve conmigo a las regiones de lo inconcluso,
Se adhiere a lo aferrado, a lo noqueado:
Huele como huele la humedad entre los ladrillos fríos.
Llevo conmigo manos que asfixian.
Presto pies lacerados a las baldosas celestes.

Buenos Aires, 20 de junio de 2017

domingo, 18 de junio de 2017

Desolación


Patios deshabitados silban su memoria de bailes remotos:
Domingo. Sol extranjero.
Patios que saben
Pero no cuentan nunca lo que saben.
Silencios de piel desnuda y certeza de intemperies.
Patios dedicados a abrirse cuidadosamente
hacia adentro y a entregarse.
Desiertos ciudadanos.

Buenos Aires, 18 de junio de 2017

viernes, 28 de abril de 2017

Otros cielos siglos atrás

Otros cielos siglos atrás
Conocer aquella voz
Habitar el solcito antiguo abrazado a las rodillas
Penetrar la tela pegajosa del tedio lunar
O deshilarse de a poco y del todo

Insistir siglos y siglos: eso.
Otros cielos otoñan el futuro

Damián 28/04/2017

domingo, 9 de abril de 2017

Llovemos


Llovemos.
Ya son otras las demoras,
Ya llegamos y volvimos,
Ya esperamos
Ya supimos.
Llovemos exteriores y tocamos
lo interno del afuera con la mano que no duerme.
Ya son otros los encuentros:
inminencias
que se extienden.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Una versión de la noche


La noche es algo ahí
que espera entre los montones de basura
Ahora ya no podemos bajar
por la calle silbando
Ahora esto
que era una terraza abierta a los ojos del verano
ha sido reducido a territorio cercado
por pasos de miedo y mandatos de ceguera
Ahora
he salido
y camino hacia allá
auscultando rieles debajo del asfalto
llevado
por ruidos viejos de ventanas entreabiertas
hasta una vereda libre de mudanzas y despedidas
ahí
tiene que ser posible respirar
la tregua urgente que precede al exilio
y ahí me voy a sentar a esperar la otra noche
la antigua
la de charlar en el cordón de la vereda
ahí en la calle tomada
voy a desenterrar la benéfica
tristeza del verano

jueves, 26 de mayo de 2016

Se ruega insertar

Escribí esto hace tres años, y en estos días me anduvo dando vueltas. Comparto.

Se ruega insertar

Escribo mientras toso. Tengo una infección bronquial que requiere solamente eso: que tosa y tome analgésicos. Toso, escupo los virus y, eventualmente, mejoraré. Pero eso es exactamente lo que mi padre no pudo hacer. “No reacciona”, me decían los médicos en el Hospital Español, “y necesitamos que se despierte para que tosa”. Parecía no querer despertarse: y no lo hizo. Lo que siguió y lo que sigue es una intensa presencia de su ausencia, y una ausencia inagotable de su presencia. Toso todo lo que él no tosió, así como respiro el aire que él ya no respira, y miro lo que no ve. Pero él, todo entero, no presentificado sino presente, asedia mi tos con su palabra: “primero viene la fiebre, después una tos seca, perruna, y luego, cuando la enfermedad evoluciona, una tos productiva”, palabras dichas cientos de veces, por teléfono a sus pacientes, y también a nosotros. Él, imposiblemente, desde su él en mí, me salva y parece que vuelve y, sobretodo, que no vuelve: que ahora soy yo. Que esto que soy se ha convertido en una desmesurada responsabilidad por su memoria. Memoria que, de pronto, parece mayor que sí misma, como dice Derrida: más vieja, inadecuada para sí misma, preñada de este otro. Y es que no se puede aislar a los muertos de los vivos, che, basta de levantar monumentos y lápidas. No se los puede incorporar, ni interiorizar: no se los puede neutralizar. Su ser es transitivo, como dice Nancy: habitan el mundo como un secreto a voces.
Ayer, afiebrado, soñé que había que encastrar unas letras, las de tu apellido, o sea el mío, en una pared. Eran unas letras de molde, enormes y doradas. No podíamos superar la “G”. Yo miraba la “R”, ahí tirada, sin que la pudiéramos montar en la pared, y pensaba en el sueño: es imposible. No termino de montar tu nombre propio, ese que habita fantasmáticamente en el mío; ni voy a terminar. La muerte, lo que afirma contra la pared el nombre propio y lo ajeniza del todo, la que lo pone ahí ya todo para los otros, siempre parece cobrar forma de historia completa, de nombre de una Mismidad cerrada y total. Pero no es así, ahora lo sé. Si me banco este estar, te banco: si me banco tu mortal presencia de duelo sin fin en mí como el testimonio de que no soy ese sujeto cerrado sobre sí, ese varón occidental racional, bla, bla, bla, sino una suerte de red, o de punto o espacio en una red de sentidos, de amores, de abrazos, de palabras inolvidables o tontas, vivas en la muerte y muertas en la vida, entonces sí, desde allí, en estado de abierto, parados en el vórtice de la incertidumbre expuesta, somos: y vos sos conmigo.

Junio de 2013

martes, 19 de enero de 2016

A veces estoy listo


A veces estoy listo
No revuelvo más cajones
Hay entre nosotros un viento fresco
un guiño al cruzar la calle

A veces llueve y tenemos vino
y la noche baja limpia de todo desamparo
Los espacios se disponen sin ritos
como si todo fuera cierto
Y el nombre de las cosas es visible

A veces sabemos mirar sin segundos de miedo
Y el círculo de tiza de las horas de hierro
se deshace en la luz de la mañana

A veces, tenemos baile al anochecer
y somos pocos, pero tocamos a tiempo