miércoles, 24 de febrero de 2010
Se vistió para que lloviera
Se vistió para que lloviera. Buscó un sillón y se sentó a fumar. Se tocaba la cara con cuidado decidiendo que la edad era una segunda piel debajo de la primera, que peleaba por atravesarla. Al final, no soy más que un cuerpo que se extingue y lucha por disimularlo. Se rió: lo ya antiguo era la juventud; en cambio lo nuevo, como el musgo oscuro que crece envolviendo las rocas, era la edad. Pensar vejez no estaba en sus cálculos. Era una frase para decir. El patio estaba reseco, sucio, como aplastado por el aire viejo de todos los veranos en el patio. Antes de descubrir que atrincherado ahí en el silencio iba a morirse, tenía tiempo de pasar otro invierno y anidar aquel sol chiquito pero inquieto que pudiera hacerse mañana de fiesta. Nunca había funcionado, pero por lo menos se sabía la rutina de memoria, y siempre le dijeron que había que insistir. Porque hubo voces de aliento. Pero hubo una espalda inalcanzable.
miércoles, 10 de febrero de 2010
Pero ahora
Puede que venga la paz
Puede que el vórtice se distienda en radios inteligibles
y las sogas
sombrías que tensan cada músculo se quemen
al sol prendido de la mañana
Puede ser hoy que la sed vegetal se despierte
y madere la tierra
Puede que la voz de cuerpo abierto
se desate y nos reúna en destierros de correo y
canciones giratorias de verano
Puede ser ahora. Pero ahora el cuerpo pesa
como una delicada herramienta
de articulaciones ominosas
Y conoce su vértigo de fuegos eclécticos
de tormenta privada
de viaje
de descansos
y sabe aletear en el vacío
numeroso de los conciertos
Puede que el vórtice se distienda en radios inteligibles
y las sogas
sombrías que tensan cada músculo se quemen
al sol prendido de la mañana
Puede ser hoy que la sed vegetal se despierte
y madere la tierra
Puede que la voz de cuerpo abierto
se desate y nos reúna en destierros de correo y
canciones giratorias de verano
Puede ser ahora. Pero ahora el cuerpo pesa
como una delicada herramienta
de articulaciones ominosas
Y conoce su vértigo de fuegos eclécticos
de tormenta privada
de viaje
de descansos
y sabe aletear en el vacío
numeroso de los conciertos
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