miércoles, 9 de enero de 2019

El otro fin


Vuelvo de Neuquén por la ruta 3. Me desvío a propósito por la 41. Cuando reconozco la entradita, bajo la velocidad y me meto por los caminos de tierra y yuyos limpiadores de chasis, como vos decías. Voy despacito, sabiendo que no te va a gustar. Pero estoy cansado. Me duele la panza hace semanas, no puedo comer, el corazón me tira señales de extenuación y está este dolor que ya sé qué es. Así que no me hago mayor problema: voy al único lugar donde quiero estar.
Cuando agarro el sendero paralelo a tu campito, te veo. Estás trabajando con tus plantas, cerca del alambrado. Allá, en su redil, la veo a la China y hasta me imagino que me relincha a modo de saludo. Cuando ves el auto, mirás desconfiada. Entonces, paro y me bajo. Te acercás al alambrado como si hubieras sabido siempre que yo iba a aparecer ahí y así.
- Qué camionetita que pelamos, eh? – me decís.
- ¿Podemos hablar?
- Vení, da la vuelta.
Paro en el camino, cerca de la tranquera y bajo a los pedos.
- Necesito pasar al baño. Me siento mal.
- Sí, claro.
Otra vez el desastre digestivo y la sangre. Me pregunto sentado en el inodoro de esa casa bendecida si fui ahí para eso y en un punto parece que sí.
- ¿Te sentís mal?
- Me estoy muriendo.
Me mirás solamente, porque me creés y entendés que estoy siendo literal.
- Y pensé que una de las cosas que quiero hacer antes es aclarar con vos aquel desentendimiento que tuvimos.
Afuera, la China relincha de modo raro. Salimos y vemos que un tipo está tratando de llevársela. Vos corrés desesperada y le gritás de todo. El tipo ya está montando a la China en pelo y la va a hacer cabalgar. Yo corro y grito (con aquel tono aprendido de vos):
- ¡¡¡¡¡Chiiiinaaaaaa!!!!!!
La yegua, al oírme, levanta de golpe las patas delanteras y lo tira al suelo. Después sigue trotando medio sin rumbo, despistada. Vos tratás de seguirla y calmarla. El tipo se está levantando: veo que tiene una punta en la mano izquierda. Camino directo hacia él en completo silencio. A vos ya no se la ve. La yegua se te fue lejos. Dos veces me clava la punta en la panza. Dos veces rápidas, y en seguida se asusta y sale corriendo. Estábamos los dos parados entre las ruinitas, así que ahí nomás me dejo caer contra una de las parecitas a medio levantar, de frente al sol que se pone.
Volvés con la China. Querés llamar a alguien (no hay a quién), o llevarme a la salita del pueblo (no me podés levantar, y yo no puedo solo). Te digo:
- Lo único que quiero es que dejes de pensar que soy un miserable.
Te vas llorando, más bien de impotencia. Oigo que tu coche arranca, no sé si vas a volver o qué.
Miro el sol meterse entre los árboles. Miro la sangre que se me va. Miro a la China y veo que está bien. Me mira y se acerca. Estira para abajo su largo cuello y me lame la cara. Ya no me duele nada.

jueves, 1 de noviembre de 2018

A la vuelta de un año


A la vuelta de un año, el ciclo se cierra y voy juntando alivios mordaces.
Cómo hice: conjuré en mi simple ausencia todos tus abandonos,
todas tus lamentables heriditas y tu invencible desasosiego.
Sos un resto que sobra por ahí.
Yo soy la que te robó un color.

Sé que resplandezco levemente
mientras esté a salvo.
Y sé que hay una reja para vos, esperándote.
Esta vez, mi vida es mía.

Silvina Moreno

lunes, 10 de septiembre de 2018

Dijo


se recostó en tu lugar y dijo
tengo frío
vio palomas caminando
sobre el riel y dijo
están a salvo
el sol volvía pero era mejor que ayer
volvía dijo
estoy con vos para siempre
no tengas miedo
vas a ser el destino de mi abrazo
vas a querer ser mirada por un varón
vas a estar a salvo de mí vas a estar conmigo
vas a saltar las barreras hasta el borde del crimen
vas a mirar fijo hasta que los deseos
se refugien en mi tumba vas a vivir
tanto que se me cae la baba dijo
chau hermana se sentó en tus rieles
miró otra vez el tren que venía sin tiempo
sin remedio sin urgencia y te dijo
ahora soy todo
que tu tacto sea delicado y momentáneo
que tu silencio sea nuestro
el futuro giratorio es tuyo
dijo

Informe final


Un sol ocular recorre
y reconoce lo que queda

No hay algo así como
un corazón de las cosas

Hay árboles en árboles
voces extintas
huellas de huellas

La ropa que se seca
sobre las piedras
es una bandera despoblada

Parece que todo se reduce a lo visible
y lo ocupa sin resquicios

Esperamos un aviso una distracción
Algún desajuste imperceptible
que restablezca la disciplina ciega de los nombres
Pero la mañana está quieta en la mañana
Y estamos solos acá
Y no hay caras en el agua

sábado, 2 de junio de 2018

lunes, 21 de mayo de 2018

Polos



En cada lugar donde me quedo más de una hora (y están siendo varios) se encienden solitos los polos; los clásicos, los que aprendimos de chicos: norte, sur, este, oeste. Ubico dónde está el sudoeste, fijo un punto visible cualquiera como referencia -más allá del cual-, y recién ahí sé dónde estoy. Porque sé dónde no estoy.

miércoles, 14 de marzo de 2018


Todo iba a ser posible
Todo iba a estar bien
Habíamos llegado a casa